Al
llegar a este lugar, pensábamos que estábamos en el paraíso, no era la India, era
el Cielo en la Tierra. Resultó que sí, estos habitantes tenían oro y metales
preciosos y nos lo intercambiaban por muy poco, era prácticamente nada. Después
de un buen rato aquí nos dimos cuenta, que podíamos conquistarlos. Ellos eran
diferentes desde sus costumbres y religión hasta su idioma. Tenían un diferente
modo de vida. Nadie lograba entenderles y les menos preciábamos. Claro que nos
dimos cuenta de eso después de la Colonización. Pesábamos que hacíamos lo correcto,
que les protegíamos, pero no.
Ellos
perdieron sus costumbres y su religión en general. Comenzó la cristianización. Le
dimos a un español aproximadamente diez Indios para que estén a su servicio. A
esto le llamábamos Repartimiento. Cada indio hacia varios trabajos. Un trabajo
era trabajar en las minas de oro. Hubo algunas quejas, al parecer les “explotábamos”
y “maltratábamos”. Tal vez, era cierto o talvez no, pero lo que sé es que
expandimos el imperio Español y expandimos el cristianismo.



